Cuando hablamos de una casa Passivhaus, muchas personas imaginan una vivienda llena de máquinas, pantallas, sensores y sistemas complejos. Es una idea comprensible, porque durante años se nos ha hecho creer que la eficiencia energética depende de añadir tecnología. Sin embargo, la realidad es casi la contraria. Una casa pasiva bien proyectada no es una casa complicada, sino una casa pensada con sentido común, donde la tecnología trabaja en segundo plano y apenas se nota.
En una Passivhaus (también llamada Passive House), las tecnologías clave no se eligen para impresionar, sino para resolver problemas muy concretos: mantener una temperatura interior estable, garantizar una buena calidad del aire y reducir al mínimo el consumo energético. Todo ello sin que la persona que vive en la casa tenga que estar pendiente de sistemas complejos o de ajustes constantes. Ese es, precisamente, uno de los grandes valores del estándar Passivhaus.
Este artículo pretende hacer un repaso de las últimas novedades técnicas, científicas y empresariales en la construcción de casas pasivas durante el año 2025, poniendo la mirada en el futuro para ver cuáles serán las tendencias en la construcción de casas sostenibles Passivhaus durante este 2026.
Ferias como Construmat 2025 han situado la sostenibilidad y la eficiencia energética como ejes principales de su programación, mostrando al mundo profesional no solo materiales, sino soluciones integrales que van más allá del aislamiento: digitalización de procesos, integración de sensores inteligentes y una visión más holística de la construcción industrializada.
¿Qué es una casa Passivhaus y por qué necesita una tecnología diferente?
Una casa Passivhaus es una vivienda diseñada para reducir al máximo la demanda energética. Esto significa que, antes de pensar cómo calentar o refrigerar la casa, el proyecto se centra en evitar que el calor se escape en invierno o que entre en exceso en verano. Es un cambio de enfoque radical respecto a la construcción convencional.
En una vivienda tradicional, el confort se consigue a base de sistemas activos: calderas potentes, aires acondicionados, radiadores, splits… En una casa pasiva, en cambio, el confort se logra principalmente gracias al diseño y a la envolvente del edificio. La tecnología entra en juego para acompañar ese diseño, no para corregir errores.
Por eso, cuando se habla de tecnologías clave en la construcción de una casa Passivhaus, no se habla solo de máquinas, sino también de soluciones constructivas, materiales y sistemas que trabajan de manera conjunta. Todo está conectado. Y si una pieza falla, el conjunto pierde sentido.
El aislamiento: mucho más que añadir más centímetros

El aislamiento térmico es una de las bases de cualquier casa pasiva, pero hoy ya no se entiende como una simple cuestión de grosor. En la construcción Passivhaus actual, el aislamiento se diseña teniendo en cuenta cómo se comporta la casa a lo largo del año, su inercia, cómo interactúa con la estructura y cómo responde a las condiciones reales de uso.
En casas pasivas con estructura de madera, por ejemplo, se utilizan habitualmente materiales como la fibra de madera o la celulosa insuflada. Estos materiales no solo aíslan bien, sino que también aportan inercia térmica, regulan la humedad y ofrecen una solución constructiva sostenible. Esto se traduce en interiores más estables, tanto en invierno como en verano.
Además, el aislamiento en una casa Passivhaus debe ser continuo. No sirve de nada tener un material excelente si después aparecen puentes térmicos en encuentros mal resueltos, pilares, forjados o huecos de ventanas. Aquí la tecnología no está en el producto, sino en el detalle constructivo y en la manera de ejecutar la obra.
En la base de esta evolución hay materiales que no hace tanto solo veíamos en laboratorios o ferias especializadas. Los aerogeles, por ejemplo, aparecen cada vez más como grandes protagonistas del aislamiento de alta gama. Extremadamente ligeros y con una conductividad térmica sorprendentemente baja, estos materiales que parecen “espuma de cielo” ofrecen un rendimiento térmico que puede superar en muchos casos a los materiales tradicionales con una fracción del espesor. Esta propiedad es especialmente valiosa cuando el espacio para el aislamiento es limitado, como ocurre en rehabilitaciones energéticas o en fachadas de edificios existentes donde no se quiere perder superficie habitable.
Pero lo que ha captado la atención en el contexto europeo y en investigaciones presentadas en eventos como BAU 2025 son aerogeles elaborados a partir de madera residual. Investigadores del Fraunhofer WKI han desarrollado procedimientos para fabricar aerogeles utilizando restos de madera como materia prima, generando un producto que no solo mantiene las propiedades técnicas excepcionales de un aerogel, sino que también es reciclable y mucho más sostenible desde el punto de vista de la huella de carbono. Este proyecto también trabaja para que el material pueda reciclarse con alta calidad una vez alcanzado el final de su vida útil, una pieza clave para una verdadera economía circular en la construcción.
La carrera por los materiales bio no se detiene aquí. Estudios sectoriales y de mercado sitúan fibras naturales como celulosa, fibras de madera, cáñamo o lana, así como soluciones compuestas que incorporan micelio de hongos, como alternativas prometedoras a los productos de base petroquímica. Estos materiales no solo tienen un impacto ambiental muy inferior, sino que en muchos casos incorporan beneficios adicionales: mayor capacidad de absorción de humedad, mejor calidad del aire interior y reducción de contaminantes.
Hermeticidad: la tecnología invisible que lo cambia todo
Si hay un concepto que marca la diferencia entre una casa eficiente sobre el papel y una casa eficiente en la realidad, ese es la hermeticidad. Una casa Passivhaus es una vivienda prácticamente estanca al aire, y esto no es un capricho técnico, sino una condición imprescindible para que todo lo demás funcione.
En una vivienda convencional, el aire se cuela por rendijas, cajas de persianas, encuentros mal sellados o instalaciones. Estas infiltraciones provocan pérdidas energéticas constantes y hacen imposible controlar el comportamiento térmico de la casa. En una casa pasiva, en cambio, el paso del aire está totalmente controlado.
Esto se consigue mediante membranas de hermeticidad, cintas de sellado específicas y una ejecución extremadamente cuidadosa. Es una tecnología que no se ve cuando la casa está terminada, pero que determina el consumo real, el confort interior y la durabilidad de la estructura, especialmente cuando hablamos de construcción con madera.
El conocido test Blower Door no es un trámite final, sino una herramienta de control durante la obra. Sirve para detectar errores cuando aún se pueden corregir, no para maquillar resultados al final.
Ventilación mecánica: aire limpio sin perder energía

Una casa estanca necesita ventilarse, pero hacerlo abriendo ventanas de manera constante va en contra del propio concepto de eficiencia energética. Por eso, una de las tecnologías clave en una casa Passivhaus es la ventilación mecánica con recuperación de calor.
Este sistema renueva el aire interior de forma continua y controlada, extrayendo el aire viciado de cocinas y baños e introduciendo aire limpio en las estancias principales. Lo más interesante es que, antes de expulsar el aire al exterior, el sistema recupera la mayor parte de su energía térmica para precalentar o preenfriar el aire que entra.
El resultado es una calidad del aire interior excelente, sin corrientes, sin ruidos y sin pérdidas energéticas. En muchas casas pasivas, además, se utilizan recuperadores entálpicos que ayudan a regular la humedad, un aspecto especialmente importante en climas secos o muy húmedos.
Bien diseñada, la ventilación mecánica se convierte en un sistema casi invisible para quien vive en la casa, pero con un impacto enorme en el confort y la salud.
Ventanas de altas prestaciones: donde se gana o se pierde todo
Las ventanas son uno de los puntos más críticos en la construcción de una casa Passivhaus. No basta con que tengan triple acristalamiento; deben formar parte de un sistema completo que tenga en cuenta el marco, el vidrio, la orientación y, sobre todo, la manera de instalarlas.
Una buena ventana mal colocada puede convertirse en un agujero energético. Por eso, en Passivhaus, las ventanas se instalan en el plano del aislamiento, se sellan con cuidado y se diseñan teniendo en cuenta la captación solar en invierno y la protección frente al sobrecalentamiento en verano.
Cuando todo esto se hace bien, las ventanas dejan de ser un punto débil y pasan a ser un elemento activo del confort interior.
En la feria REBUILD 2025, la startup INDRESMAT recibió la certificación Passivhaus por una solución de ventanas con materiales de biopoliuretano, demostrando que la revolución no se limita solo al aislamiento puro, sino que se extiende a componentes clave de la envolvente que contribuyen directamente al ahorro energético y al bienestar interior.
El año pasado consolidó un movimiento claro hacia materiales de marco reciclados o de bajo carbono, una tendencia que parece mantenerse para 2026. Los fabricantes están incorporando extrusión con aluminio reciclado y fórmulas con LCA transparente (Life Cycle Assessment) para que el comprador pueda conocer no solo la eficiencia térmica, sino también la huella ecológica de la ventana que está instalando.
Este enfoque supone un salto cualitativo: las ventanas ya no se definen solo por los valores U o por el aislamiento del acristalamiento, sino por el balance ambiental completo del producto. Esto encaja perfectamente con la filosofía Eskimohaus: casas sostenibles de muy alta eficiencia energética.
En paralelo, la investigación científica ha avanzado en smart glass, vidrios dinámicos capaces de ajustar propiedades ópticas y técnicas en función de las condiciones externas. Este tipo de tecnología permite que la ventana no sea solo un elemento pasivo, sino un dispositivo que responde a la luz, al calor y a las necesidades interiores.
Un desarrollo particularmente relevante es la investigación sobre hidrogeles biónicos transparentes y con gran aislamiento que pueden bloquear radiación UV e infrarroja manteniendo una alta transmisión de luz visible, lo que, en teoría, podría proporcionar hasta 11 °C de diferencia térmica prolongada respecto a ventanas convencionales.
Esto, combinado con vidrios electrónicamente ajustables capaces de disminuir o aumentar la transmisión de calor, ofrece un nuevo horizonte donde la ventana se transforma en una interfaz climática adaptable del edificio.
Energías renovables: sencillas, coherentes y bien dimensionadas

Una de las tendencias más destacadas de 2025 ha sido la apuesta por almacenar energía de forma económica y flexible. Tradicionalmente, las baterías de litio habían sido la herramienta predominante para gestionar la intermitencia de la fotovoltaica o la eólica, pero ahora proyectos de almacenamiento de larga duración (LDES) y alternativas como los sistemas térmicos o de hidrógeno se están imponiendo como soluciones para periodos de días o semanas sin sol o viento. Este cambio representa una nueva visión de la interacción entre edificios de alta eficiencia y las redes energéticas: no solo consumidores, sino actores flexibles que aportan estabilidad al sistema global.
Aún no hemos llegado al punto de inflexión en el que el almacenamiento de energía sea lo suficientemente económico como para representar una inversión atractiva desde el punto de vista financiero. Poco a poco, las nuevas tecnologías y la reducción de costes acercan el momento en que la inversión en baterías sea rentable. Hay muchos avances científicos que deben transformarse en soluciones disponibles en el mercado; quizá este 2026 sea el año en que se alcance ese punto de inflexión y el coste de las baterías empiece a ser realmente rentable.
En una casa pasiva, las energías renovables funcionan porque el edificio ya es eficiente por diseño. No se utilizan para compensar errores, sino para cerrar el círculo de una vivienda realmente sostenible. Por este motivo, son el complemento perfecto para conseguir reducir la factura energética a cero.
Domótica: la justa y útil, y a medida
El 2025 ha evidenciado cambios profundos en la domótica aplicada a la construcción de viviendas de alta eficiencia energética: la tecnología ha pasado de ser un conjunto de dispositivos conectados a un ecosistema interconectado, inteligente y predictivo. La irrupción del estándar Matter ha facilitado que sensores, controladores y actuadores de distintos fabricantes hablen un lenguaje común, superando problemas tradicionales de compatibilidad entre marcas y protocolos.
Al mismo tiempo, la integración de inteligencia artificial local y predicción energética ha permitido que las automatizaciones no solo sean reactivas, sino que aprendan del comportamiento de los ocupantes y optimicen los esfuerzos para reducir consumo, mejorando confort y eficiencia. Dispositivos como hubs de IA locales y termostatos con machine learning ejemplifican este salto.
Finalmente, la convergencia entre plataformas open source como Home Assistant e interfaces físicas integradas ofrece un control centralizado y contextualizado de todos los sistemas del hogar, con la privacidad y la soberanía de los datos como prioridad.
La domótica está empezando a ofrecer soluciones para todo tipo de personas, tanto para quienes no quieren tener que tocar botones ni configuraciones, como para quienes desean gestionar y controlar todo. Sea como sea, puedes conseguir que el confort de tu casa aumente automatizando instalaciones de todo tipo, desde la climatización hasta el control solar.
Todo esto no solo facilita la adopción de la domótica, sino que convierte la vivienda en un agente activo de optimización energética, esencial para hacer sostenible tu casa Passivhaus.
Construir casas Passivhaus es construir de otra manera
La construcción de una casa Passivhaus no consiste en sumar tecnologías, sino en integrarlas de manera coherente. Es una forma de construir que exige más planificación, más precisión y más conocimiento, pero que ofrece resultados muy superiores a largo plazo.
En Papik Cases Passives llevamos años aplicando estas tecnologías en casas con estructura de madera, demostrando que es posible construir viviendas confortables, saludables y sin hipoteca energética. Casas pensadas para durar, para adaptarse al clima y para hacer la vida más fácil a quienes las habitan.
Si estás pensando en construir una casa pasiva, la tecnología es importante, pero aún lo es más saber cómo y por qué utilizarla. Y en ese camino, será un placer acompañarte. Puedes solicitar un presupuesto orientativo para empezar a concretar.