Este verano, mientras gran parte de Europa batía récords de temperatura, leí un titular que me removió por dentro: «la crisis climática es diez mil veces peor de lo que nos cuentan». Lo decía el periodista Juan Bordera Romà en un reportaje de análisis del Col·legi de Periodistes de Catalunya que cuestiona por qué los medios minimizan sistemáticamente la emergencia climática. Hace años que en PAPIK Group pensamos que la construcción sostenible contra el cambio climático no es una opción más dentro del sector: es la única respuesta seria que tenemos al alcance para hacer frente, desde el sector de la construcción, a olas de calor cada vez más largas y más duras.
Este artículo nace de esa reflexión. Quiero explicarte por qué el relato sobre el cambio climático suele quedarse corto, y por qué nosotros, que llevamos más de veinte años construyendo casas de madera en Catalunya, tenemos la certeza de que la forma en que construimos tu casa puede ser parte de la solución y no del problema.

Cuando el periodismo se queda corto ante la crisis climática
El reportaje que te comentaba parte de una pregunta incómoda: si los fenómenos climáticos extremos se multiplican cada año, ¿por qué la cobertura mediática sobre el cambio climático lleva cuatro años consecutivos de retroceso? La respuesta tiene que ver con un fenómeno que la historiadora científica Naomi Oreskes bautizó como «errar del lado del mínimo drama»: la tendencia, también dentro de la comunidad científica, a suavizar las predicciones más graves para no parecer alarmistas.
El resultado es que muchas personas perciben el cambio climático como un problema lejano, gradual, gestionable. La realidad, sin embargo, es otra: olas de calor que superan los 40 grados, calentamiento del mar, y una crisis que los expertos consultados en el reportaje definen directamente como una extinción masiva y un cambio de era geológica. Si el relato que recibimos es más moderado que la evidencia científica, es fácil entender por qué cuesta tanto que la ciudadanía actúe con la urgencia que la situación requiere.
Nosotros no somos periodistas ni climatólogos. Somos una empresa constructora. Pero llevamos décadas viendo de primera mano cómo una casa mal construida sufre el calor y cómo una casa bien diseñada lo resiste sin esfuerzo. Y eso, por pequeño que parezca, también es una manera de hablar del cambio climático: con datos, sin exagerar ni minimizar. Reducir el consumo potencial es esencial: el vatio que menos contamina es el que no se produce.
Un cubo de hielo en medio de la calle que no miente
En mayo de este año, en Logroño, se hizo algo muy sencillo y muy elocuente. El clúster ARIC y la Plataforma de Edificación Passivhaus (PEP), de la que PAPIK Group formamos parte y patrocinamos, construyeron dos casetas idénticas por fuera, de dos metros por dos, en el Paseo del Espolón. Una se levantó siguiendo el Código Técnico de la Edificación estándar (CTE). La otra, siguiendo los principios Passivhaus, el mismo estándar en el que se basan nuestras casas Eskimohaus. Dentro de cada caseta pusieron un bloque de unos 989 kilos de hielo.
Durante trece días, las dos casetas recibieron sol directo, sin ningún sistema de climatización ni ventilación mecánica, con temperaturas exteriores que llegaron a los 38 grados. El resultado lo publicó la propia Plataforma PEP en su informe de resultados: en la caseta convencional el hielo se derritió por completo un día antes de acabar el reto. En la caseta Passivhaus todavía quedaban 279,8 kilos de hielo intactos. Dentro, la temperatura se mantuvo entre 6 y 15 grados. En la convencional llegó hasta los 26.
El mismo experimento, tal como explicó elDiario.es cuando se presentó, forma parte del Icebox Challenge, una iniciativa internacional que ya se ha hecho en ciudades como Nueva York, Bruselas u Oslo. La idea de fondo es sencilla: los cubos de hielo representan nuestros polos, buenos indicadores del calentamiento global, y demuestran que la manera en que construimos y habitamos puede tener un efecto real para revertir las consecuencias del cambio climático.
No hacen falta modelos climáticos complejos para entender este mensaje. Un bloque de hielo que se derrite o que aguanta habla más claro que cualquier informe. Y la diferencia entre las dos casetas no es cosa de suerte: es física, bien entendida y bien aplicada.

Por qué las casas pasivas son construcción sostenible contra el cambio climático
En PAPIK Group construimos desde hace más de veinte años bajo este mismo estándar: el Passivhaus. Nuestras casas Eskimohaus siguen exactamente los mismos principios que hicieron ganar a la caseta de Logroño: aislamiento térmico reforzado, ausencia de puentes térmicos, cerramientos de altísima calidad, estanqueidad al aire y ventilación mecánica con recuperación de calor. Si quieres entender con detalle por qué la estanqueidad al aire es un factor tan determinante, o cómo se verifica con el test Blower door, tienes artículos específicos en nuestro blog donde lo explicamos paso a paso.
Lo que pasó con el hielo de Logroño es exactamente lo que pasa con las personas que viven dentro de una casa pasiva durante una ola de calor. El aislamiento térmico reforzado y la ausencia de puentes térmicos de nuestras construcciones hacen que el calor de fuera cueste muchísimo más de entrar, y que el fresco de dentro cueste muchísimo más de salir. No hace falta aire acondicionado trabajando a toda máquina para mantener una temperatura interior estable. La casa, simplemente, lo hace por ti.
Aquí es donde la construcción sostenible contra el cambio climático deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una experiencia muy concreta: llegar a casa un día de 38 grados y notar que el interior todavía es habitable, sin facturas energéticas disparadas ni la sensación de estar luchando contra la temperatura exterior toda la tarde.
Eficiencia, confort y bienestar: lo que hay detrás de cada grado que no subes al termostato
A menudo hablamos de eficiencia energética como si fuera solo una cuestión de facturas, y es mucho más que eso. Vivir en una casa con oscilaciones térmicas bruscas tiene un coste para la salud, especialmente durante las olas de calor, que cada vez afectan a más personas mayores y niños. Mantener una temperatura interior estable, como la que consiguió la caseta Passivhaus de Logroño, entre 6 y 15 grados mientras fuera se rozaban los 38, no es un lujo: es una cuestión de confort y de bienestar real para quien vive ahí.
Casas que absorben más CO₂ del que emiten
Hay una pieza más en esta ecuación que a menudo se pasa por alto: el material con el que construimos. Nosotros construimos con madera, y ya expliqué en detalle en el artículo de dónde proviene buena parte de la contaminación por CO₂ del sector de la construcción. El cemento es, por sí solo, uno de los materiales industriales más contaminantes que existen. La madera que utilizamos, en cambio, proviene de plantaciones certificadas que han pasado más de veinte años creciendo, absorbiendo CO₂ durante todo ese proceso.
Es decir, para construir nuestras casas absorben más CO₂ del que emiten. No es un eslogan: es el resultado de cómo funciona la fotosíntesis aplicada a la construcción. Y este efecto no acaba el día que te entregamos las llaves, porque la madera que forma la estructura de tu casa sigue siendo, durante décadas, una reserva de carbono que no vuelve a la atmósfera.
Construcción sostenible contra el cambio climático, más allá de las paredes de tu casa
En PAPIK Group nos gusta decir que no nos limitamos a cuidar el interior de un hogar. Nos importa igual, o más, el medio donde ese hogar se ubica. Por eso solo trabajamos con madera certificada FSC, que garantiza que por cada árbol que se tala se planta otro, y por eso seguimos explorando, proyecto a proyecto, materiales sostenibles que reduzcan todavía más el impacto de cada construcción, dentro y fuera de las cuatro paredes.
Esta manera de entender la construcción es la que nos llevó a desarrollar el sistema Eskimohaus, un nombre que hace referencia a la capacidad de los esquimales de construir viviendas confortables en climas extremadamente hostiles. No hablamos solo de ahorro energético para quien vive ahí, sino de la casa como parte de un ecosistema más grande: la masa forestal que se mantiene gracias a la certificación sostenible, la huella que dejamos en el territorio, y la capacidad que tiene cada nueva casa Eskimohaus de sumarse a un parque inmobiliario catalán menos dependiente de los combustibles fósiles.
El cubo de hielo de Logroño lo dejó muy claro en trece días expuesto al sol: la manera en que construimos no es un detalle técnico más, es una decisión con consecuencias directas sobre cómo afrontamos la emergencia climática. Los periodistas consultados en el reportaje del Col·legi de Periodistes reclaman un relato más honesto sobre la magnitud del problema. Nosotros, desde la construcción, creemos que la mejor manera de sumarnos a ese relato es con hechos: casas que resisten el calor, que no dependen del aire acondicionado para ser habitables, y que capturan más CO₂ del que emiten al construirse.
Si estás pensando en construir tu próxima casa, o en reformar una para que aguante mejor los veranos que vienen, te animamos a hacérnoslo saber. Puedes consultar nuestro calculador de presupuestos para hacerte una primera idea del coste, o ponerte en contacto directamente con nosotros. Llevamos más de veinte años construyendo casas que, como la caseta de Logroño, prefieren demostrarlo con datos antes que con promesas.